Sísifo

Sísifo
Eternamente hacia las alturas...

lunes, 22 de marzo de 2010

El cielo se hace más bajo en tu ausencia

Bajo la no-luz de los astros me consumo ensimismado
Como un pedazo de estrella intentando copar el mar
Guardo con boca cerrada las entrañas ennegrecidas
Como abismo encerrando su oscura profundidad.

Bajo la no-luz de los astros que se fueron sin un adiós
Lanza destellos de pólvora la nostalgia de un temblor
Como eco de una voz reverberando eternamente
De una esencia musical que se hizo carne... y polvo...

¿Soledad?¿Humanidad?¿Angustia?¿Dolor?
Fuera del edén se siente la humanidad
Y la soledad y la angustia y el dolor
Fuera del edén me siento efímero
Y aterrado y sin sentido y débil
Bajo la no-luz de los astros
Canto desesperado.

Demasiado monólogo para los astros que no están
Entre los vacíos que ocultan las horas y los colores
¡Demasiada angustia y soledad !
Entre los vacíos que el viento deja al llevarse la luz
Laberintos en que he perdido una puerta y su llave.

Me varo en mi noche de las ruinas que me hacen ruina
Ruina de hombre despedazado por el acero
Hombre perdido en busca de sus pétalos
...Dispersados como polvo en el universo.

¿Noche dónde has escondido tus estrellas?
¿Día dónde has enterrado a tu sol?
¿Qué huracán ha cerrado tus ojos?
¿Qué viento se llevo el mar al vacío?
¿Qué muerte arrancará la cruz?
¿Quién? Si se hace más bajo el cielo en tu ausencia...

miércoles, 3 de marzo de 2010

Tus ojos

Tan cerca, que pones en mis manos los dedos de Edipo. Tan lejos, que mis ojos las anhelan.

El ciclo solar ( o la muerte de amor)

Caminaba a oscuras; agoté el sol entre un vano reflejo del mar. Las espinas de tus ojos se divertían lanzándome escombros. Caminaba y tiritaba de frío, como cuerpo exánime remecido por algún temblor de cielo; alcé los ojos y me lancé embrujado a la silueta difusa e intangible con que el horizonte seducía. Emergía de ella un misterioso y profuso canto que buscaba serlo todo en el espacio vacío; siempre hay un vacío al que busca llenar un ubérrimo – o egoísta- infinito. Corrí por un camino flanqueado de columnas dóricas para llegar al fondo de la noche, alimentándome de la luz del día; fragantes rosas acariciaban las columnas a mi paso. Aquella jornada descubrí mi telos y que todo en torno a él eran puentes.

Exultante ante el fin del camino, lo admiré henchido con sublime elevación y frenética locura. Encontré el adjetivo grácil de belleza, la poesía encarnada, la belleza salida sin fisuras del mundo de ideas platónico, era... era solo la idea cual espejismo reflejado en las carnes, tan sólo un fugaz destello de algún astro cruel. En mi mano se desvaneció súbitamente desde su hombro izquierdo tan rápido como muere la ola al tocar el cielo.