Sísifo

Sísifo
Eternamente hacia las alturas...

martes, 29 de marzo de 2011

Reflexión sobre el qalb en relación a ti

En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso. La alabanza a Dios, Señor de los mundos, y que su paz se extienda sobre Sus leales siervos y escogidos, y Su bendición sobre nuestro señor Muhammad, su familia, y todos sus compañeros.

Pardus dijo:

Dicen los místicos sufíes que el corazón es un lugar de unión con Dios, que alabado sea, donde Él puso una morada, jardines, siete castillos, océanos y tantas maravillas para poder aprehender en la unidad sus diversas e infinitas manifestaciones. El corazón proteico es capaz de captarlas, sin atarse a ninguna, fluctuando de una a otra. Por ello se le ha llamado corazón (qalb), pues significa también cambio perpetuo, fluctuación, movimiento. Es un cambio unido a un centro.

Una de esas manifestaciones eres tú. Cada vez que puedo asir un instante de tu existencia en la mía, pienso en las ideas de los místicos, pero dubitativo. En particular, porque más que encontrar las manifestaciones de Dios, que alabado sea, en las cosas, frecuentemente veo manifestaciones de ti.

Tras múltiples cavilaciones la única explicación posible es que mi corazón fluctuante sea además locus de unión amorosa; que sea una puerta entre ambos; que sea un órgano perceptivo de ti, que te manifiestas más allá de cada elemento del mundo y entroncas en mi interior. Pero que, pese a tus distintas y múltiples manifestaciones existe una unidad aglutinante a la que se reconduce todo y en que me sumerjo por completo. Pues la puerta que nos une está rodeada y envuelta por un océano que se expande creando universos como el fuego, en el cual me surcas y te sumerges, del que bebes y me atrapas dentro de ti. ¡Vales más que todos los astros atesorados en sus reflejos!.

Has puesto en mí jardines y moradas, castillos y montañas, árboles y vientos, océanos y soles para venir a mi y que yo te encontrara, para apreciar todas las manifestaciones de ti, para contenerte mientras me contienes en cada palpito. Cada palpito que es algún sol que despunta en mi corazón para que te busque, cada palpito que es un palpito tuyo proyectado desde el otro lado de esa puerta sin puerta, un único y áureo umbral.

miércoles, 7 de abril de 2010

Trascender(nos)

I

Un horizonte cargado de cielos respiro,
Escuchando al destino devenir certero
En sus recovecos que confunden,
En sus ascensos y descensos,
Que siempre son uno y todo.
Uno yo y uno el mundo

Tantas veces oído cual vendaval
Tantas veces visto cual carnaval
Tantas veces transfigurado en carne
Y otras tantas encarnado en verbo
Haces blasón de ti mismo
Oh, sino, sin epíteto

Sí, tantas veces todo
Y algunas veces vano y fugaz.
Empero en la tierra y los vientos,
Donde se cree mueren la voz y el cuerpo,
Reverberan escondidas las formas del tiempo:
Espejo humano y subterfugio eterno
Trascendencia y delicia
Fulgor y misterio.

Aferrarse es quietud de muerte
Como cerrar los ojos y construir
Por eso es mejor danzar
En esta inquebrantable unidad
Que llamamos existencia


II

El viento esconde junto al tiempo
Ese perfume que atraviesa las estaciones
Esos pistilos que atraviesan los segundos
¿Será acaso lo qué no se puede dejar?

Inútil es intentar conocer los extremos
El límite se difumina y exige un cuerpo
Pero nos basta saber que el segundo es eterno
Y suponer que infinito es el espacio
Para trascender(se)

¿Será acaso tu impaciencia y tozudez,
El decantar de tus diáfanos ojos sobre mi,
Tu infantil llanto y valentía en la tragedia,
Tu virginal e intacto cuerpo,
La infinitud de tus anhelos,
La inocencia y....
¿Serás acaso tú lo que no se puede dejar?


Por el sagrado oráculo y el impenetrable velo,
Sé que podemos trascender(nos)
Sé que podemos estar uncidos...
Un camino que acaso siendo uno es todo...

lunes, 22 de marzo de 2010

El cielo se hace más bajo en tu ausencia

Bajo la no-luz de los astros me consumo ensimismado
Como un pedazo de estrella intentando copar el mar
Guardo con boca cerrada las entrañas ennegrecidas
Como abismo encerrando su oscura profundidad.

Bajo la no-luz de los astros que se fueron sin un adiós
Lanza destellos de pólvora la nostalgia de un temblor
Como eco de una voz reverberando eternamente
De una esencia musical que se hizo carne... y polvo...

¿Soledad?¿Humanidad?¿Angustia?¿Dolor?
Fuera del edén se siente la humanidad
Y la soledad y la angustia y el dolor
Fuera del edén me siento efímero
Y aterrado y sin sentido y débil
Bajo la no-luz de los astros
Canto desesperado.

Demasiado monólogo para los astros que no están
Entre los vacíos que ocultan las horas y los colores
¡Demasiada angustia y soledad !
Entre los vacíos que el viento deja al llevarse la luz
Laberintos en que he perdido una puerta y su llave.

Me varo en mi noche de las ruinas que me hacen ruina
Ruina de hombre despedazado por el acero
Hombre perdido en busca de sus pétalos
...Dispersados como polvo en el universo.

¿Noche dónde has escondido tus estrellas?
¿Día dónde has enterrado a tu sol?
¿Qué huracán ha cerrado tus ojos?
¿Qué viento se llevo el mar al vacío?
¿Qué muerte arrancará la cruz?
¿Quién? Si se hace más bajo el cielo en tu ausencia...

miércoles, 3 de marzo de 2010

Tus ojos

Tan cerca, que pones en mis manos los dedos de Edipo. Tan lejos, que mis ojos las anhelan.

El ciclo solar ( o la muerte de amor)

Caminaba a oscuras; agoté el sol entre un vano reflejo del mar. Las espinas de tus ojos se divertían lanzándome escombros. Caminaba y tiritaba de frío, como cuerpo exánime remecido por algún temblor de cielo; alcé los ojos y me lancé embrujado a la silueta difusa e intangible con que el horizonte seducía. Emergía de ella un misterioso y profuso canto que buscaba serlo todo en el espacio vacío; siempre hay un vacío al que busca llenar un ubérrimo – o egoísta- infinito. Corrí por un camino flanqueado de columnas dóricas para llegar al fondo de la noche, alimentándome de la luz del día; fragantes rosas acariciaban las columnas a mi paso. Aquella jornada descubrí mi telos y que todo en torno a él eran puentes.

Exultante ante el fin del camino, lo admiré henchido con sublime elevación y frenética locura. Encontré el adjetivo grácil de belleza, la poesía encarnada, la belleza salida sin fisuras del mundo de ideas platónico, era... era solo la idea cual espejismo reflejado en las carnes, tan sólo un fugaz destello de algún astro cruel. En mi mano se desvaneció súbitamente desde su hombro izquierdo tan rápido como muere la ola al tocar el cielo.

domingo, 17 de enero de 2010

Silencio del ser

Un sí dentro del yo.
Coraza implacable,
¿Qué ocultas a tu voz?
Dentro de ti resuenan ecos
Silencios delicadamente pronunciados por tus ojos a la luz.

A veces
Eres como timbales suspendidos en la cuerda grave
A veces
Quiebras el aire.

Soterrado vives huyendo de la vida
Eres el abismo que nos separa
Como si anhelaras la nada.

¡Qué retoño metafísico a ti vuelve!
¿Recuerdas quizá
Qué un día nada fuiste?

¡Qué esperanza metafísica te lanza!
¿Supones tal vez
Qué un día nada serás?

Los oídos suspendidos en los labios
Los electrones suspendidos en sus órbitas
Todo se detiene... en un silencio metafísico...

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Duelo

La mayoría de las veces pongo frente a mis ojos un arma. La contemplo absorto, fascinado o escéptico, todo - toda adjetivación- depende de su belleza y poder. Parecen ser escalinatas de mármol por las que mis manos ascienden con mucho cuidado como si fuera un cuerpo femenino - peligroso y placentero- , precaviendo que no sean espejismos, procurando que de la caja de Pandora no se libere el último mal, aguardando el preciso instante en que los párpados dejan de ser velos...


La mayoría de las veces pongo frente a mis ojos un arma. Son una proyección mental mediada por el espejo oculto de las metáforas que arden en mis labios- aunque ellos no siempre se enteran-. Confieso al mundo iluso de paz que me encanta dispararlas como si se entablara un duelo muerte entre ella. Lo problemático es cuando ellas no bastan -o mueren- y van sus dueños desarmados a ayudarlas en la batalla con carne y sangre como si fueran armas. Pero eso no es todo, pues al término de la batalla van los necrófilos de armas por sus cadáveres. ¡Lamentable, no conocen la terrible enfermedad venérea que transmiten aún después de muertas!