Sísifo

Sísifo
Eternamente hacia las alturas...

miércoles, 3 de marzo de 2010

El ciclo solar ( o la muerte de amor)

Caminaba a oscuras; agoté el sol entre un vano reflejo del mar. Las espinas de tus ojos se divertían lanzándome escombros. Caminaba y tiritaba de frío, como cuerpo exánime remecido por algún temblor de cielo; alcé los ojos y me lancé embrujado a la silueta difusa e intangible con que el horizonte seducía. Emergía de ella un misterioso y profuso canto que buscaba serlo todo en el espacio vacío; siempre hay un vacío al que busca llenar un ubérrimo – o egoísta- infinito. Corrí por un camino flanqueado de columnas dóricas para llegar al fondo de la noche, alimentándome de la luz del día; fragantes rosas acariciaban las columnas a mi paso. Aquella jornada descubrí mi telos y que todo en torno a él eran puentes.

Exultante ante el fin del camino, lo admiré henchido con sublime elevación y frenética locura. Encontré el adjetivo grácil de belleza, la poesía encarnada, la belleza salida sin fisuras del mundo de ideas platónico, era... era solo la idea cual espejismo reflejado en las carnes, tan sólo un fugaz destello de algún astro cruel. En mi mano se desvaneció súbitamente desde su hombro izquierdo tan rápido como muere la ola al tocar el cielo.

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