Las noches se abren a espadas y dejan ver su corazón de nada
El reloj tiembla desiertos de sal en cada impreciso movimiento
Mientras tus cabellos danzan como mil alondras desesperadas
Y la sed me consume a fuego lento como si fuera luz de un dios
Los soles dejaron de brotar y las nubes serpentean un desdén
La noche me oculta en su pecho resquebrajado por un querer
La noche quiere parirme por segunda vez
El viento me empuja desesperado de no tenerme
El aguijón del reloj me quiere alcanzar en la mirada
Quieren hacerme caer de la elevación celeste
Quieren dar el golpe final para traerme una vez más
El verso es tan fácil como vuelve el segundo veintiuno
El primer verso quiere morir en la forma de la luna
La luna quiere ocultar la nada del pecho abierto
Y extasiar al dos veces nacido con sus mareas y su luz
Y retornaré con el caos de la sangre y el acero
Fluiré como el vino y la música por argentas venas
Invocaré en tu estancia la voluptuosidad y la inocencia
Me haré carne una segunda vez entre ustedes
No como el hijo sino como el padre:
¡Soy Dioniso el eterno principio!
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